El joven guayaquileño vive una ciudad totalmente distinta a la que teníamos nosotros los que ya pasamos la línea de los 30 años, yo aun recuerdo una ciudad caótica, sucia y sin identidad. La ineficacia de las entidades públicas era tal hasta el punto de considerar a Guayaquil como tierra de nadie.
Alcaldes corruptos llenaron de “pipones” el municipio mientras la obra municipal y social se veía relegada al último peldaño, vivíamos inundados de basura y la vergüenza azotaba con violencia nuestro rostro. Todo eso cambio durante la administración del Ing. León Febres Cordero y las posteriores administraciones del Abg. Jaime Nebot.
El joven actual se siente identificado con la ciudad, la vive, la admira y la hace respetar. Como me diría Calos Ibarra estudiante de quinto ciclo de comunicación social: “Guayaquil es mi tierra y no la cambiaría por nada del mundo, debemos cuidarla y exigir a las autoridades más seguridad en la calles ya que eso es lo único que le reprocho a la ciudad”
























